Archivo mensual: septiembre 2009

Carabaya

Carabaya.

Umami

Es uno de los sabores básicos que existen (además de dulce, salado, amargo y ácido). Fue descubierto en 1908 por el Dr. Kikunae Ikeda, científico japonés que estudiaba el sabor de la sopa de algas marinas. Al aislar sus componentes, encontró que su sabor particular se debía al glutamato monosódico (un aminoácido) y pudo distinguir al quinto sabor.lengua1

Entre sus hallazgos, estuvo el hecho que el umami pasaba desapercibido por la mayoría de personas y que era opacado por sabores más fuertes. Ikeda afirmó posteriormente que “un paladar atento detectará un rasgo común en el sabor de espárragos, tomates, quesos o carnes, un matiz bastante peculiar y que no puede ser encasillado dentro de ninguno de los cuatro sabores clásicos”. No es casual que un japonés haya descubierto este singular sabor, puesto que la dieta típica  japonesa se compone de alimentos sencillos y crudos, lo cual favorece a la agudeza en la percepción de los sabores.

Usualmente, el glutamato monosódico se encuentra en forma natural en alimentos ricos en proteínas como carnes, pescados, leche y quesos maduros como el parmesano, también está presente en algunas verduras como los espárragos y tomates. En el Perú, Ajinomoto se encarga de elaborar industrialmente este aminoácido (a través de un proceso de fermentación de mieles y melazas de caña de azúcar) que realza el sabor de carnes, verduras y legumbres.

AjinomotoDescrito como agradable y carnoso, la gastronomía moderna aprecia el valor del umami porque es el potenciador por excelencia del sabor de los alimentos, además suele armonizar con los demás sabores. Sin lugar a dudas, el umami es el eslabón perdido en el mapa de las sensaciones gustativas y resulta el balance indispensable en toda dieta equilibrada.

Radiografía de un profesional exitoso

Hace unas semanas asistí a una charla sobre empleabilidad en una universidad privada (en el marco de la presentación de una maestría). Uno de los expositores, Rafael Zavala, recalcó la importancia de planificar la carrera profesional en base a la vida que aspiramos tener (no solo en términos de dinero, sino también tomando en cuenta qué nos hace felices).

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Su radiografía del profesional exitoso incluyó las siguientes COMPETENCIAS:

  •             Estratégicas:

 –          Visión del negocio: que conozca el rubro al que se dedica la empresa.

–          Capacidad de adaptación: que sea capaz de adaptarse a los lineamientos de la institución y a los cambios que en ella se generen.

–          Gestión de lo imperfecto: que sepa hacer frente a las adversidades que puedan surgir al momento de ejecutar un plan establecido.

  •           Interpersonales:

 –          Negociación: que tenga la capacidad para generar acuerdos entre personas o grupos que opinan distinto.

–          Delegación: que sea capaz de distribuir inteligentemente las tareas entre las personas que integran su equipo.

–          Manejo de conflictos: que gestione y resuelva con equidad los problemas que surgen con el personal.

–          Network: que pueda identificar quién  es el más indicado para llevar a cabo una tarea o que pueda convocar a un experto fuera de la empresa que pueda realizarla (importa el know who).

–          Trabajo en equipo: que identifique lo mejor de cada integrante para realizar un excelente trabajo.

  •   Intrapersonales (o de liderazgo):

–          Autogobierno: se refiere a la toma de decisiones, equilibrio emocional, autocontrol e integridad.

–          Resiliencia: es la capacidad de soportar presiones y fracasos, y además salir fortalecido de dichas experiencias.

 

Asimismo, destacó estos VALORES:

  • Laboriosidad: trabajar bastante y bien, y ayudar a los compañeros cuando sea necesario.
  • Orden: tener una escala de prioridades (diferenciar lo importante de lo urgente, distinguir lo secundario).
  • Autenticidad: ser un generador de confianza y de credibilidad.
  • Templanza: tener dominio de la voluntad sobre el instinto.

Se calcula que en promedio pasamos por diez empleos distintos a lo largo de nuestra vida laboral, y donde estemos será muy importante sentirnos gratificados por lo que hacemos cada día. Después de todo, el trabajo ideal es el que nos hace más felices.

Penas de amor (II)

Creo que está bien contar nuestra pena de amor a las personas más cercanas, pero no debemos esperar que nos comprendan. Como dice Rosa Montero en La loca de la casa, los achaques amorosos a menudo causan risa y/o conmiseración, y es muy acertada al colocar esta cita de Alejandro Gándara: “Amar apasionadamente sin ser correspondido es como ir en barco y marearse: tú te sientes morir pero a los demás les produces risa”.

Tenemos un misting system temperando nuestro corazón, pero debemos dar paso a la fase de recuperación. Durante esta fase recomiendo aprovechar al máximo la luz solar porque tiene un efecto positivo en el estado anímico y  fortalecer la autoestima dándonos cuenta lo valiosas que somos, expresando con seguridad nuestras ideas y pasándola bien. Por otro lado, no se debe descuidar la salud por lo que aconsejo mantener una alimentación balanceada y respetar las horas de sueño (para quienes tienen problema en conciliarlo pueden tomar una ducha caliente antes de dormir o tomar una taza de leche tibia con miel). Si bien las actividades físicas son una terapia efectiva en estos casos, no es aconsejable ejercitarse hasta quedar extenuadas (después de la euforia suele venir una sensación de vacío). A quien se recupera del desamor, jamás le aconsejaría nadar de noche. Considero que es bueno dejar de lado las quejas innecesarias y comentarios negativos, aunque sí es útil hacer un balance de lo que sucedió para dar por clausurada una etapa.

Cuando sentimos que nos encontramos bastante mejor, estamos en la fase de renovación, que traerá nuevas perspectivas a nuestras vidas. Es el momento ideal para empezar a salir, encontrar nuevos proyectos que nos ilusionen (como matricularse en un curso o realizar algún viaje) y también para conocer nuevas formas de pensar. En definitiva, es el momento para volver a apasionarse por la vida.

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Las mujeres que más admiro son aquellas que disfrutan verdaderamente la vida, que son lo suficientemente valientes para luchar por su libertad. Tal vez, esta pena de amor sea la oportunidad para convertirnos en mujeres más fuertes y elásticas, como si practicáramos Pilates a diario.

Penas de amor (I)

Cuando se me ocurrió la idea de crear un blog, lo primero que pensé es que no quería que fuera una ventana de mi vida, sino que tratara temas de interés general (sociales). Sin embargo, tenía muchas ganas de escribir sobre cómo sentimos las mujeres las penas de amor y también quería brindar (modestamente) algunos tips para ayudar a superarlas.

Josefina Barrón escribe en Malabares en taco aguja sobre “Cómo romper con quien rompió contigo”, y si tuviera que escoger dos consejos me quedaría con:

a)    Extírpalo: no te niegues el recuerdo pero no te tortures. Se refiere a sacarlo de tu sistema. A eliminarlo del MSN, del Facebook, de tu lista de contactos; guardar sus fotos y todo aquello que esté relacionado con él porque el cerebro femenino conserva para siempre todo aquello que es emotivo, y duele demasiado recordar todo el tiempo a quien amamos y perdimos.

b)    Un día a la vez: cuesta decir adiós. Debemos ir paso a paso para poder superar la pena de amor. Cada día es un avance, pero no pretendamos estar del todo bien desde el principio.

Cuando una mujer pierde al hombre que ama, pierde el centro. Algo le duele por dentro. Si estuvo muchos años a su lado, el apego y el compañerismo construido hacen que le cueste más retomar su individualidad; si recién empezaba una relación (y creía con todo su ser que sería la más importante de su vida), siente que ha dicho adiós a la posibilidad de una vida con él.

Superar una pena de amor es un proceso, que he dividido con fines didáctico-terapéuticos en tres fases. La primera es la fase lacrimosa. Se caracteriza por una profunda tristeza, desgano para hacer las actividades que cotidianamente realizábamos y cierta tendencia a presentar conductas o actitudes autodestructivas (comprar o comer compulsivamente, albergar ideas suicidas, entre otras).

Mis recomendaciones para esta primera fase son: llorar todo lo que tengas que llorar, pero como dice  Barrón: “Lo que no debe ocurrir es que te encariñes con tu tristeza hasta hacer de ella tu estandarte”; hablar con una buena amiga o una persona de confianza sobre lo que te sucede; encontrar alguna actividad que disipe tu pena (como practicar yoga, preparar pyes o disfrutar de un espectáculo artístico); inyectarse el optimismo aunque parezca absurdo (leer chistes, oír música alegre y bailable) y tal vez encontrar alguna serie en la televisión que entretenga y  haga reír (a mí me va muy bien con Dr. House). Estoy firmemente convencida que todas tenemos recursos en nuestro interior para hacer frente a situaciones así,  y que si somos perspicaces encontraremos aquello que particularmente nos puede ayudar.

Hace unos días llevé a mi sobrino a una obra de títeres. De algún modo, distraerlo, disfrutar del teatro infantil y caminar por el parque me hizo reencontrarme con mi yo-niña. Acercarme a él y a su lucidez me ayudó. Son mecanismos de autoayuda que una misma va descubriendo…

Obnubilado

Me gusta esta palabra porque me recuerda a las nubes y a su aspecto liviano. Específicamente designa a quien:

a)    No piensa con claridad porque se encuentra ofuscado y tiene sentimientos o pensamientos confusos.

b)    Está deslumbrado, fascinado, embelesado debido a que sus sentidos han sido cautivados.

c)    Tiene la visión efectivamente borrosa, poco clara.

 

Bijoux estuvo obnubilado con mi presencia que anticipó lo que parecía ser una estrella fugaz, pero resultó siendo nada más y nada menos que fuegos artificiales. Este estado maravilloso, diametralmente opuesto a sentirse despejado, duró segundos.

Tiempos interesantes

Antiguamente, los chinos solían decirle al enemigo: “Ojalá vivas tiempos interesantes”. Hoy este “deseo” se ha cumplido para casi todos nosotros, debido a que vivimos en un interesante mundo en que las adversidades están a la orden del día.

Se supone que los avances tecnológicos nos harían la vida más sencilla, pero la sobrepoblación, la competitividad, el acceso desigual a la salud y la educación y la falta de entendimiento entre las personas ha hecho que la vida sea menos llevadera. Recientes investigaciones señalan que en los años noventa una persona enfrentaba en promedio siete adversidades diarias, para el año 2000 habían ascendido a 22 adversidades y actualmente hacemos frente a 30 adversidades al día.

Antes de seguir reflexionando sobre este tema, habría que definir qué es la adversidad. Es aquello que no es favorable, que se opone a nuestros propósitos y que por tanto nos sitúa en una situación desgraciada y nos causa infortunio. Son el conjunto de dificultades, contrariedades y molestias que parecieran no permitirnos avanzar. Por ejemplo, en un solo día puedes resfriarte, discutir en casa, tener dificultades para resolver asuntos en tu trabajo, demorar en llegar a casa a causa de un choque y cuando crees que ese día fatal ya casi termina… te roban el celular. Esas son las adversidades cotidianas que enfrenta la persona posmoderna.

Creo que deberíamos reconocer nuestra propia vulnerabilidad frente a las dificultades diarias. Asimismo, percatarnos que ni todo el esfuerzo, previsión y buena voluntad nos asegurarán la estabilidad y certidumbre que ansiamos. Hecho esto, seremos capaces observar con más objetividad nuestras adversidades para darles el peso que se merecen. Finalmente, creo que es saludable recurrir a mecanismos de apoyo para hacer frente a lo adverso, tales como grupos de referencia, pasatiempos, actividades relajantes e incluso terapia psicológica.

No permitamos que estas adversidades diarias nos creen frustraciones que a mediano o largo plazo se conviertan en fracasos mundanos. Minimicémoslas y convirtámoslas en oportunidades para crecer y más adelante, quién sabe, tal vez podamos ayudar a quienes enfrenten un problema como el nuestro.

Esta canción va dedicada para los “héroes del día”: aquellos que cumplieron con la dieta y su hora de caminata a pesar de sus 30 adversidades diarias, para los internos que sacrificaron horas de sueño cuidando a los enfermos y para los miles de activistas que siguen luchando por lo que creen a pesar que el mundo pareciera estar en su contra.