Archivo mensual: noviembre 2009

Choose life

“Choose life. Choose a job. Choose a career. Choose a family. Choose a fucking big television. Choose washing machines, cars, compact disc players and electrical tin openers. Choose good health, low cholesterol and dental insurance. Choose fixed-interest mortgage repayments. Choose a starter home. Choose your friends. Choose leisure wear and matching luggage. Choose a three piece suit on hire purchase in a range of fucking fabrics. Choose DIY and wondering who you are on a Sunday morning. Choose sitting on that couch watching mind-numbing, spirit-crushing game shows, stuffing junk food into your mouth. Choose rotting away at the end of it all, pishing you last in a miserable home, nothing more than an embarrassment to the selfish, fucked-up brats you have spawned to replace yourself. Choose your future. Choose life… But why would I want to do a thing like that?”.

Este es el discurso de Renton, protagonista de Trainspotting, cuando se da cuenta que no quiere desperdiciar su vida pero tampoco quiere ser parte del status quo. Así como él, otros personajes también decidieron seguir su propio sendero porque en algún momento se dieron cuenta que la vida era un regalo valioso y merecía ser vivida.

Benjamin Button se percata que nunca es demasiado tarde para vivir y emprende un viaje que le abre las puertas a nuevas experiencias. Daniel Alejandro Delfín (personaje creado por Sergio Bambarén) escoge seguir sus sueños y oír a su corazón, aunque esto le cueste alejarse de su familia y enfrentarse a sus propios miedos. Virginia Woolf (en Las horas) afirma que la capacidad de elegir define la humanidad y opta por el suicidio cuando siente que le han arrebatado su vida. Y dice al final de la película, a manera de consejo: Mirar siempre la vida de frente y conocerla por lo que es. Amarla por lo que es y después ponerla en sus sitio”.

Estos personajes excepcionales y soñadores, creativos o desangelados me recuerdan el valor de la libertad, la curiosidad y la valentía para buscar el propio camino. Porque todos ellos tomaron conciencia en un mundo que se presentaba adverso, emprendieron un proceso de liberación y experimentaron el amor y la alegría.

Ellos me recuerdan que debo emprender mi propia revolución del progreso.

Icor

Dejaré de lado una de las acepciones de la palabra icor (la que está referida al campo de la medicina) porque no está muy acorde con este blog. Icor es un término utilizado para referirse a la sangre de los dioses de la mitología griega, especialmente en la poesía.

Ahora que ya no hay Dios ni dioses, esta sangre poética podría referirse a nuestra propia sangre, la que nos da la pulsión de vivir, la que despierta nuestra voluntad. Emparentaría al icor con un apelativo cariñoso en irlandés (que aparece en la película Million dollar baby): mo chuisle, que significa mi pulso, mi amor, mi sangre, mi corazón.

 

Contactados

Hace unos días leí una entrevista que le hicieran a Moussa Ag Assarid, un saharaui que estudió en la Universidad de Montpellier y escribió un libro que cuestiona el alcance del progreso material en el mundo occidental. En el desierto no hay atascos relata las experiencias de Moussa en Europa desde su perspectiva de nómade y además llega a la conclusión que la acumulación de bienes y la tecnología no permiten un real avance de la persona. El autor define el desierto como el mejor lugar para hallarse a uno mismo. En él se miran las estrellas y es posible oír los latidos del corazón. Pero ahora el desierto es cada vez más caluroso y tiene menos fuentes subterráneas de agua. Por eso, Moussa Ag  Assari ha llevado a cabo un proyecto llamado Caravana del Corazón, cuyo objetivo es lograr que los tuaregs del desierto del Sahara tengan acceso a salud y educación.

sahara

Mientras los saharahuis buscan un mayor intercambio con el exterior, hay pueblos no contactados que desean permanecer en aislamiento voluntario para preservar su cultura y su integridad.  Recientemente, David Hill (encargado de las campañas en Latinoamérica para la ONG británica Survival International) estuvo en el Perú y subrayó la importancia del reconocimiento de los pueblos no contactados (alrededor de 15 en nuestro país) como dueños de los territorios en los que habitan. Asimismo, recalcó su derecho a permanecer “fuera” del mundo posmoderno hasta que hayan tenido el tiempo y espacio suficientes hacer una evaluación. Se trata de “no contactar a los no contactados”.

Creo que tanto los tuaregs como los habitantes de los pueblos no contactados cultivan algo que nosotros casi hemos olvidado: la contemplación. Por las ansias de poder y tener, por tantas prisas, hemos dejado de estar en contacto con la naturaleza y de mirar dentro de nosotros mismos.

 

Más información sobre la Caravana del Corazón en: www.caravaneducoeur.com

Para conocer las diferentes tribus en el mundo:  www.survivalinternational.org/tribes

Susurrar para desacelerar

Desde que en el 2001 hicieran su aparición en el Salón del Libro de París, Les Souffleurs no han dejado de susurrar. Este colectivo compuesto por un grupo de artistas está dispuesto a irrumpir tanto en ceremonias solemnes como en medio de desordenadas aglomeraciones para abordar a las personas. Dirigidos por Olivier Comte, vestidos de negro y armados con una cerbatana, aparecen en números impares para susurrar poesía a los transeúntes. Su lugar favorito son las estaciones de metro, símbolo de la velocidad y la prisa. Según su director, la propuesta de Les Souffleurs está constituida por “una metáfora poética del flujo informativo anónimo susurrando secretos poéticos, filosóficos, matemáticos y literarios al oído de los hombres a través de cañas huecas, enfrentando así, con la postura provocadora de la ternura, la dificultad del ser humano para enfrentarse al mundo”. La idea no es únicamente detener a las personas con poesía, sino hacer que experimenten una forma de comunicación más humana y reflexionen sobre el amor, el humor, la curiosidad y la literatura. El fin primordial de Les Souffleurs es contribuir a la desaceleración de la sociedad.

los-sopladores

Esta no es la única iniciativa para “ir más lento”. Desde hace dos décadas se gestó en Europa lo que actualmente es el movimiento slow, una corriente que apuesta por respetar los ritmos de cada persona y actividad, logrando un equilibrio entre la administración del tiempo y su disfrute. Este movimiento incluye desde hace una década a las slow cities que se caracterizan por atraer a las personas a las plazas y parques, promover los pequeños negocios e incentivar un mayor contacto con la naturaleza. En estas ciudades turísticas (con menos de 50 mil habitantes) se está haciendo posible reducir el estrés y regresar a los tiempos en los que era posible reflexionar sin sentirse culpable por no estar haciendo nada productivo.

Dar una caminata, cultivar un pasatiempo, hacer siesta y no sentirse en obligación de responder o decidir rápidamente son algunos de los consejos que ofrecen los seguidores de esta corriente. Y es que las cosas más importantes de la vida no deberían hacerse tan rápido. Disminuiría su disfrute.