Archivo mensual: febrero 2010

Gen solidario, gen competitivo

La sociedad actual nos enseña a admirar la competitividad y a subrayar que el éxito en las distintas esferas de la vida depende de ella. Sin embargo, el etólogo Frans de Waal (quien ha estudiando la conducta de diversas especies) ha llegado a la conclusión de que la solidaridad no solo fue esencial para la evolución del hombre sino que forma parte de su naturaleza.

Sin el desarrollo del gen solidario” no habría sido posible la formación de grupos organizados, la divulgación de ideas ni la adquisición de competencias que hicieran posible el surgimiento de artistas y pensadores, por citar algunos ejemplos. Los estudios de investigadores como de Waal podrían transformar los paradigmas actuales ya que demuestran que el ser humano es competitivo pero también solidario por instinto.

Posiblemente, el surgimiento de formas de vida alternativas como la de los freegans (de quienes escribiré más adelante) demuestre que es viable no someterse al exceso de competitividad para dar paso a un estilo de vida menos consumista y más cooperativo.

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¿Por qué no viven en el Perú?

En estos tiempos contradictorios en que se exalta la peruanidad a la vez que escasean las oportunidades en el país, releí las notas que publicara en 1988 Gustavo Buntix en la revista Márgenes. Al sesgo de una encuesta, quedan reflejadas las opiniones de un grupo de peruanos que partieron del Perú entre 1980 y 1992.

Carlos Schwalb, narrador y crítico literario, cuenta: “Me fui del Perú como quien huye; sin saber bien adónde iba o para qué, pero convencido que debía dejar atrás ese pantano que no dejaba avanzar y esa humareda que no permitía ver nada”.

La filósofa y poeta Montserrat Álvarez es más radical al expresar: “No soy tan fuerte -aunque me molesta decir que no soy fuerte- como para conservar la cordura estando en Lima. Lima es una ciudad que me somete demasiado al horror. Para mí todo el mundo que nos ha tocado vivir es un mundo equivocado, injusto, sucio, que debería ser destruido. Pero Lima es como el símbolo mismo de toda esa putrefacción”.

 Y un comunicador que prefirió mantenerse en el anonimato explica que no vive en el Perú porque tiene siempre el fantasma de qué haría si regresase: le asusta la posibilidad de encontrase limitado, “no haciendo nada” y caminando por las mismas calles en las que las cosas están peor.

El Perú y Lima en particular generan sentimientos ambivalentes. La idea de migrar nos rondará siempre que la injusticia, la inestabilidad y esa sensación de que las cosas no funcionan permanezcan.

¿Y el desarraigo?

La tercera mujer (II)

Tercera mujer: indeterminada

Cuando el autor afirma que la tercera mujer construye permanentemente su “destino” se refiere a que es la libertad de autodeterminación, el arbitrio individual, lo que la hace definir su identidad y futuro.  

Sin embargo, Lipovetsky asegura que lo doméstico, sentimental y estético seguirán siendo parte de la esencia de lo femenino. Aunque la mujer esté comprometida al ejercicio de su profesión, la administración del hogar le permite tener control sobre un espacio, enriquecer su vida emocional y dotarla de sentido. Por otro lado, la mujer está muy orientada a las relaciones interpersonales y la afectividad porque cumple funciones expresivas (en particular “el amor permanece como una pieza constitutiva de la identidad femenina”). Finalmente, el interés por lo estético se manifiesta, por ejemplo, en la obsesión por la delgadez y la feminización del lujo.

Esta tercera mujer (que surge en los años ochenta) es “radicalmente nueva” y “siempre repetida” porque se reinventa a sí misma pero conserva valores tradicionales. Por eso no es de extrañar que los hombres sigan considerando enigmáticas y contradictorias a las mujeres.

Lipovetsky está convencido de que las diferencias de género difícilmente desaparecerán ya que están muy presentes en las motivaciones, prioridades y gustos de hombres y mujeres;  pero también  señala que la transformación radical de la identidad femenina es uno de los fenómenos sociales más significativos de la historia.

La tercera mujer (I)

En 1999, el filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky publicó La tercera mujer. Permanencia y revolución de lo femenino, que analiza la transformación histórica de la mujer. Desde los orígenes de la humanidad ella representó una figura peligrosa y negativa, hasta que con la llegada del amor cortés su feminidad fue venerada. Actualmente, la mujer es indeterminada en tanto que su “destino” está en permanente construcción.

 Primera mujer: despreciada

Los mitos atribuyeron a la mujer una naturaleza inferior a la de los hombres y también valores negativos como el caos y la maldad. El prototipo de la primera mujer estuvo representado por la bruja o hechicera, que con su magia podía causar daños irreparables. Incluso las deidades primitivas no fueron celebradas por su belleza sino por el control que ejercen sobre las fuerzas de la naturaleza.

Al desconfiar de la mujer, no se le permitió asumir grandes poderes políticos, religiosos o militares. Solo una función de la mujer escapó de esta desvalorización: la maternidad.

 Segunda mujer: exaltada

 El amor cortés no solo trajo romanticismo y una concepción más espiritual del amor sino también más respeto hacia las mujeres. Desde el siglo XII se desarrolló un culto a la “dama amada y sus perfecciones” y posteriormente, con la llegada de la Ilustración, se admiraron los efectos positivos de la mujer sobre las buenas costumbres, por ejemplo. Es recién en el siglo XIX donde los roles de esposa, madre y educadora se vuelven sagrados para la sociedad. Pero en todos estos procesos, la mujer no ganó la autonomía.

 

Según Lipovetsky, el tránsito de la primera a la segunda mujer significó pasar del tradicional “encarnizamiento despreciativo” a la “sacralización”.