La tercera mujer (II)

Tercera mujer: indeterminada

Cuando el autor afirma que la tercera mujer construye permanentemente su “destino” se refiere a que es la libertad de autodeterminación, el arbitrio individual, lo que la hace definir su identidad y futuro.  

Sin embargo, Lipovetsky asegura que lo doméstico, sentimental y estético seguirán siendo parte de la esencia de lo femenino. Aunque la mujer esté comprometida al ejercicio de su profesión, la administración del hogar le permite tener control sobre un espacio, enriquecer su vida emocional y dotarla de sentido. Por otro lado, la mujer está muy orientada a las relaciones interpersonales y la afectividad porque cumple funciones expresivas (en particular “el amor permanece como una pieza constitutiva de la identidad femenina”). Finalmente, el interés por lo estético se manifiesta, por ejemplo, en la obsesión por la delgadez y la feminización del lujo.

Esta tercera mujer (que surge en los años ochenta) es “radicalmente nueva” y “siempre repetida” porque se reinventa a sí misma pero conserva valores tradicionales. Por eso no es de extrañar que los hombres sigan considerando enigmáticas y contradictorias a las mujeres.

Lipovetsky está convencido de que las diferencias de género difícilmente desaparecerán ya que están muy presentes en las motivaciones, prioridades y gustos de hombres y mujeres;  pero también  señala que la transformación radical de la identidad femenina es uno de los fenómenos sociales más significativos de la historia.

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