Archivo mensual: marzo 2010

Otro tipo de embriaguez

Llorar mucho produce una especie de borrachera,

algo así como un mareo”.

(Banana Yoshimoto, Moonlight shadow)

 

¿Feliz?

Cuando era niña mi mayor felicidad consistía en ir a la playa la mayor cantidad de días posibles y una vez allí hacer castillos de arena, recoger conchas marinas y almorzar lenguado. Todas esas actividades habrían definido para mí lo que es la felicidad porque me daban varios félix por minuto. Podría incluso decir que los días de verano eran para mí los más felices.

Si me preguntaran qué me haría feliz ahora, diría que es lograr algunas metas que vengo persiguiendo, ejercer mi carrera de manera estable y seguir disfrutando de las cosas que me gustan. Pero ahora es sobre todo la estabilidad lo que definiría mi felicidad. La estabilidad que  permite hacer planes pero también tener cierto grado de tranquilidad.

Alfredo Bryce Echenique escribió en Entre la soledad y el amor que “la felicidad no es algo superfluo, tampoco un lujo, por la sencilla razón de que se trata de algo necesario para vivir”.

Voy en busca de aquello que necesito para vivir convencida de que no me faltará el valor para luchar por mí.

Aro Spungen

Sid Vicious le compró a su novia Nancy Spungen un anillo de plata esterlina en el Camden Market de Londres. Meses después murió apuñalada en la habitación #100 del Hotel Chelsea de Nueva York. Tenía el aro cuando la encontraron entre sangre y heroína. Era 1978.

 

Este anillo se subastó en el año 2000 por £ 1 500 (US$ 2 550). La casa subastadora pensó que algún fanático podría llegar a pagar US$ 24 000. ¿No es una belleza?

Juliette

Me ha fascinado el personaje de Juliette en Il y a longtemps que je t’aime (Hace mucho que te quiero), una mujer incógnita que trata de encontrar su rumbo después de haber pasado varios años en la cárcel y que es el eje mismo de esta película francesa. La actriz Kristin Scott Thomas interpreta con maestría a esta mujer que trata de pasar desapercibida y guarda una gran pena.

En su reseña, la Dra. Susana Arroyo-Furphy (investigadora de la Universidad de Queensland) describe a Juliette Fontaine como “introvertida, ensimismada, fumadora obsesivo-compulsiva, un tanto desaliñada, sin brillo, sin elegancia (…)”. Pero creo que una actriz como Kristin Scott Thomas jamás dejaría de ser elegante porque su sofisticación  está, por así decirlo, incorporada a su ser.

Juliette incluso resultó enigmática en los años que pasó recluida. Era “la caminante” para los guardias y “la ausente” para las demás reclusas, porque daba la impresión de no estar ahí.

En medio de la soledad y el sinsentido, Juliette irá reinsertándose poco a poco (con la ayuda de su hermana Léa), enfrentando incluso preguntas y suposiciones que le resultan incómodas, como las que hace alguien en medio de una cena:

“¿Pero quién es Juliette? La misteriosa Juliette.

Juliette de los espíritus, del limbo.

¿Dónde estaba Juliette? ¿Qué hizo Juliette? ¿Fue al fin del mundo?

¿No se hablaba con Léa? ¿Estaba escondida en un convento suizo?

¿Domadora de osos en un circo? ¿Agente del Mossad?

¿Amnésica? Por fin conozco a una auténtica heroína de novela.

¿Dónde estaba la bella Juliette?”.

Como anotó el crítico de cine Ricardo Bedoya, el director Philippe Claudel ha sabido utilizar la figura de la actriz que “tiene adherida la imagen misma de la distinción, de las buenas maneras, del lánguido refinamiento, de la cortesía”.

Puedo decir que renunciaría a gran parte de la fuerza, velocidad y elasticidad que prometen los gimnasios por la mitad de la silenciosa elegancia de Juliette.