Archivo mensual: julio 2010

Andrés, Medellín y yo

Hace un año, por estas fechas, hice un viaje corto a Medellín. Me fui escapando del desamor y el desempleo que eran mi día a día en Lima. Hubiera deseado cruzarme con Andrés Caicedo, el cinéfilo y escritor colombiano que murió antes que yo naciera. Hubiera querido conversar y caminar con Andrés, pensaba que me hubiera comprendido totalmente. Había leído todos sus textos y sentía una conexión con él no solo por sus intereses sino porque creo vivimos las mismas experiencias y algunos de los mismos obstáculos y alegrías. Relacionaba a Andrés Caicedo con esta ciudad porque aunque vivió la mayor parte de su vida en Cali, estudió una temporada en el Colegio Calasanz de Medellín y aquí era donde se habían hecho adaptaciones de sus relatos al teatro.

Los días que estuve en Medellín tomé el mismo desayuno: dos tazas de chocolate caliente, arepita, tortilla, un triángulo equilátero de queso fresco y fruta picada. Recuerdo el tremendo calor, las estatuas gigantes de Botero y la ruta turística que improvisé: el Teatro Matacandelas y el Teatro Metropolitano, el Pueblito Paisa, el Parque Biblioteca España (donde abrí un libro y lo volví a cerrar porque me atraparía y yo tenía que seguir caminando), los centros comerciales, el Jardín Botánico, el Parque Explora, el Planetario, el Museo de Antioquía, el Parque de los Deseos, etc.

Me imagino que viajé también porque prefería ser una mujer en tránsito a ser una mujer en espera durante un feriado-puente que no quería asumir en Lima. Me hicieron bien los calores de Medellín y cuando regresé encontré la llave para una puerta que se encontraba cerrada.

Aquí va un cortometraje basado en el cuento Infección de Andrés Caicedo:

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Vallas donde vayas

Hace unos días, mi abuela y yo nos encontramos con un animado candidato a alcalde de nuestro distrito. Nos saludó con una amplia sonrisa y nos dijo que, en caso ganara las próximas elecciones, su primera medida sería empadronar a los perros (¿?), pero el gran cambio que emprendería sería poner una reja alrededor de la urbanización, de modo que pareciera un condominio.

Me quedé pensando en el asunto de la urbanización enrejada: los visitantes a nuestra urbanización miraban con agrado el pequeño enclave que era (con parques que tenían en el centro un ancla, una pastilla gigante o alguna virgencita), era cierto que en los últimos años se habían presentado problemas de inseguridad ciudadana, pero ¿era necesario enrejar el contorno de la urbanización? Me topé con unas reflexiones del crítico de arquitectura estadounidense Steven Flusty. El autor de Building paranoia llamaba “espacios interdictorios” a los encargados de filtrar a los potenciales usuarios. Y la tendencia era que en Lima empezaran a propagarse los “espacios interdictorios”, que podían ser escurridizos (si hacían inaccesibles las vías de acceso), nerviosos (si los vecinos eran vigilados permanentemente) o erizados (cuando eran incómodos).

Pero lo interesante era que Flusty y otros autores estaban convencidos que el exceso de seguridad en los barrios terminaba con la “desintegración de la vida comunitaria”, que era lo que ningún candidato pretendía hacer (al menos, eso creo). Al igual que los barrios de clase alta que excluían cada vez más a los “otros”, ¿empezaríamos a imitarlos nosotros también? ¿Terminaríamos dentro de unos años como en el cuento El peatón, de Bradbury?

Yo no soy esa que tú te imaginas

A continuación transcribo un artículo que escribí para el Diario Oficial El Peruano (publicado el 27 de octubre del 2004):

El miércoles pasado tuvo lugar en el auditorio de la Alianza Francesa el conversatorio titulado Yo no soy esa que tú te imaginas, a cargo de la poeta y periodista Rocío Silva-Santisteban. Aquí se plantearon muchas ideas sobre cuál debiera ser el camino del feminismo en América Latina.

La ponente recordó la percepción que Freud tenía de la mujer, a quien denominó “el continente negro”, representando así a un territorio oscuro, opaco y siniestro, y, por todo ello, “inexplorable”. Sin embargo, la ponente manifestó que la mujer no es “inexplorable”, sino inexplorada. La mujer es negra y es bella (despojando a lo negro de su componente tétrico), aunque siempre sea la “otra”, por extraña y lejana a la cultura masculina.

Rocío plantea la innovadora idea de que la mujer es el paradigma epistemológico, porque, pee a que durante todo este tiempo las mujeres hemos tenido a padres, hermanos, esposos e hijos, para tutelarnos y “normalizarnos”, generamos nuevos conocimientos e impulsamos a que éstos se desarrollen. En contraposición a la realidad, pareciera que la mujer hubiese estado en silencio, mientras el hombre era la palabra, el camino y la vida.

De esta hipótesis se desprenden los siguientes aspectos:

  • La mujer no es una variante del modelo masculino.
  • No existe una sola cultura femenina.
  • La mujer es reproductora de la especie humana y, por tanto, requiere de mayor cuidado.

¿Cuál es el gran logro de las feministas? La creación de un discurso en que se hace hincapié que la mujer tiene más derechos en situaciones de desigualdad (como es el caso de la violencia doméstica). Este discurso se ha difundido en los nuevos espacios para la mujer, que emergieron, precisamente, de la lucha por la supervivencia y la batalla contra la pobreza, como por ejemplo en las escuelas para madres, los comités del Vaso de Leche, comedores populares, entre otros. No podemos dejar de tomar en cuenta a los espacios de reflexión conjunta dentro y fuera del ámbito universitario, de donde ha nacido el imaginario libertario de la mujer.

Silva-Santisteban exhorta a las mujeres a que san agente de su propio destino, que no requieran de la “tutela” de ningún hombre y que, por otro lado, no olviden valores femeninos, como la solidaridad, que se ponen de manifiesto a diario en las organizaciones de mujeres.

Las claves para el nuevo movimiento feminista latinoamericano serán entonces la autoconciencia, la autodeterminación y el “empoderamiento” (mayor ejercicio del poder).

En contra del gimnasio

Como socia y visitante, puedo decir que los gimnasios adolecen de varias desventajas que se manifiestan a través de:

 *Particulares técnicas de venta: los encargados de captar clientes necesitan ganar comisiones por lo que omiten información que pudiera desencantar a un futuro socio (como por ejemplo que las bicicletas de spinning necesitan mantenimiento, o que precisamente las clases por las que nos inscribimos pronto serán descontinuadas). Las tarifas, en el caso de los gimnasios grandes, son inestables y en verano los vendedores no tienen reparo en abarrotar el espacio, descuidando el servicio.

 *Enfermedades y dolencias: hongos en los pies por usar las duchas, sordera a mediano y largo plazo debido al alto volumen en las salas de aeróbicos, problemas lumbares por cargar excesivo peso son algunos de los puntos en contra de los gimnasios.

*Carácter contraproducente: si la principal motivación para acudir al gimnasio fue elevar la autoestima, puede que se cause el efecto contrario debido a la exposición de cuerpos más presentables. Si lo que deseábamos era relajarnos, quizás nos estresemos por el bullicio, las luces y todo el movimiento.

Por eso, quizás lo mejor sea regresar a lo natural, utilizar el cuerpo más de lo que se hace ahora o adaptarnos a los contornos de la ciudad con modos más arriesgados como el parkour o simplemente caminando sin rumbo fijo.

A favor del gimnasio

Después de haber asistido a 40 gimnasios (de barrio, medianos y  parte de cadenas multinacionales), estudios de Pilates, polideportivos y recintos de autor en 12 distritos de Lima puedo decir que son parte de mi estilo de vida. Y no porque aspire a tener la fuerza, velocidad y flexibilidad del Muchacho enmascarado (experto en ultrapuños y ultrapatadas), sino porque creo que los gimnasios ofrecen el modo más eficiente de hacer ejercicio en un contexto que nos invita a ser sedentarios.

El gimnasio permite hacer ejercicio sistemáticamente, reservando determinada cantidad de horas a la semana para hacer una actividad  beneficiosa para nuestra salud física (es el mejor plan para mantenerse en forma porque ayuda a quemar calorías y a adecuarse a los cambios de peso) y mental (mejora la autoestima y ayuda a combatir el estrés, la depresión y la ansiedad).

Por otro lado, el gimnasio tiene beneficios adicionales como los de contar con ayuda profesional al momento de hacer pesas, ejercicios aeróbicos o bioenergéticos (yoga, Pilates, stretching), motivar con la música y con la compañía de las otras personas que hacen ejercicio.

Aunque pruebe distintos centros de entrenamiento, siempre regreso a mi gym favorito. Si bien es cierto que voy al gimnasio para mantenerme activa y porque disfruto haciendo taebo y Pilates, mi razón favorita para ir al gimnasio es que es una actividad completamente distinta a leer y escribir, que es mi ocupación principal. Kazami, protagonista de la novela de Banana Yoshimoto N.P. lo explica muy bien: “Creo que es importante utilizar el cuerpo, aunque solo sea un poco: hacer el pino, cortarse las uñas, ir a la sauna, practicar la natación (…) Yo necesito un mundo aparte que no sea el del libro que estoy traduciendo, un mundo que no sea el de la realidad cotidiana. Un mundo sin relatos”.

Eso es para mí el gimnasio: mi mundo sin relatos.

Nota: el 27 de setiembre del 2011 batí mi récord y probé mi gimnasio #60.