Yo no soy esa que tú te imaginas

A continuación transcribo un artículo que escribí para el Diario Oficial El Peruano (publicado el 27 de octubre del 2004):

El miércoles pasado tuvo lugar en el auditorio de la Alianza Francesa el conversatorio titulado Yo no soy esa que tú te imaginas, a cargo de la poeta y periodista Rocío Silva-Santisteban. Aquí se plantearon muchas ideas sobre cuál debiera ser el camino del feminismo en América Latina.

La ponente recordó la percepción que Freud tenía de la mujer, a quien denominó “el continente negro”, representando así a un territorio oscuro, opaco y siniestro, y, por todo ello, “inexplorable”. Sin embargo, la ponente manifestó que la mujer no es “inexplorable”, sino inexplorada. La mujer es negra y es bella (despojando a lo negro de su componente tétrico), aunque siempre sea la “otra”, por extraña y lejana a la cultura masculina.

Rocío plantea la innovadora idea de que la mujer es el paradigma epistemológico, porque, pee a que durante todo este tiempo las mujeres hemos tenido a padres, hermanos, esposos e hijos, para tutelarnos y “normalizarnos”, generamos nuevos conocimientos e impulsamos a que éstos se desarrollen. En contraposición a la realidad, pareciera que la mujer hubiese estado en silencio, mientras el hombre era la palabra, el camino y la vida.

De esta hipótesis se desprenden los siguientes aspectos:

  • La mujer no es una variante del modelo masculino.
  • No existe una sola cultura femenina.
  • La mujer es reproductora de la especie humana y, por tanto, requiere de mayor cuidado.

¿Cuál es el gran logro de las feministas? La creación de un discurso en que se hace hincapié que la mujer tiene más derechos en situaciones de desigualdad (como es el caso de la violencia doméstica). Este discurso se ha difundido en los nuevos espacios para la mujer, que emergieron, precisamente, de la lucha por la supervivencia y la batalla contra la pobreza, como por ejemplo en las escuelas para madres, los comités del Vaso de Leche, comedores populares, entre otros. No podemos dejar de tomar en cuenta a los espacios de reflexión conjunta dentro y fuera del ámbito universitario, de donde ha nacido el imaginario libertario de la mujer.

Silva-Santisteban exhorta a las mujeres a que san agente de su propio destino, que no requieran de la “tutela” de ningún hombre y que, por otro lado, no olviden valores femeninos, como la solidaridad, que se ponen de manifiesto a diario en las organizaciones de mujeres.

Las claves para el nuevo movimiento feminista latinoamericano serán entonces la autoconciencia, la autodeterminación y el “empoderamiento” (mayor ejercicio del poder).

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