Archivo mensual: agosto 2010

Fuerza de voluntad e incertidumbre

Despierto con el cuerpo de perro apaleado, el último mail que leí se me fue a los riñones, me duermo con el “cerebro de mono”. ¿Qué hacemos cuando la fuerza de voluntad, iniciativa y autodeterminación se enfrentan con el muro de la incertidumbre, inseguridad e inestabilidad?

Cientos de gitanos rumanos serán deportados de Francia. Rumania ha recortado sueldos, pensiones y becas. Es hora de leer a Herta Müller.

Yo también quiero mi chompita

Hace unos días, una persona cercana me aconsejó que aceptara mi realidad. Le contesté que yo aceptaba y vivía todos los días “mi realidad”, pero no por ello estaba impedida de aspirar a algo distinto y a tratar de conseguirlo con los medios que tenía  a mi alcance.

En una entrevista reciente, Milagros Leiva le preguntó a Morella Petrozzi cuándo aprendió a quererse. Y ella dio una respuesta que me encantó y que me gustaría que me guíe en mi búsqueda de la felicidad: “Fue todo un proceso. Capturé los instrumentos que necesitaba para ser feliz. Hace poco le dije a mi madre que yo siento que tengo dos madejas de lana. Mis dos madejas están bien peinaditas y desenredadas y con esas madejas he tejido una chompita que me abriga y voy por el mundo, sin hacer daño a nadie. Hay mucha gente que tiene su lana hecha de nudos, toda enredada y por eso se complica, porque no puede tejerse una chompa para estar abrigada”.

Todos tenemos el derecho a ser felices, a buscar el equilibrio, a incorporar a nuestra cotidianidad el placer (disfrute a través de los sentidos), la pasión (entusiasmo por lo que hacemos) y la paz (aquella sensación indefinible de que todo está bien tal y como está, y que da paso a la calma), tal como enseña David Fischman.

Así que reafirmo mi deseo de tejer mi chompita e ir en búsqueda de mi felicidad.

Unas cuantas convenciones

Todos llegamos a la adultez con una inmensa lista de convenciones que hemos acumulado poco a poco. Posiblemente uno de los objetivos que tienen las madres es enseñar gran parte de esas reglas a sus hijos para que se ajusten a cada situación, estén aptos para la vida en sociedad, pero que también los hacen más parametrados.

Revisando El otro dedo meñique. Nuevas sugerencias para deslumbrar en toda ocasión encuentro que si no me maquillo pareceré que estoy en borrador, solo deberé ir al trabajo con mi cartera o maletín (porque si llevo lonchera, bolsas y demás, pareceré un ekeko), pecaré de extravagante si tomo nota en clases con  lapicero de tinta verde y llevar al mercado bolsas de plástico que tengan publicidad atentará contra mi “garbo personal”. ¿Son estos consejos de Frieda Holler realmente imprescindibles?

Por supuesto hay otras convenciones que responden a la lógica y a estándares que tienen como objetivo lograr fluidez en todo tipo de procesos como las normas de tránsito o el formato APA para escribir un texto, pero creo que son más las convenciones que sobran.

La etiqueta social moderna apunta a que aprendamos a proyectar un estilo personal único, sin embargo creo que la tendencia es que cada vez seamos más parecidos, o para ser más exactos, creo que el status quo hace que las personas sean más fáciles de ser clasificadas en grupos predecibles en su comportamiento, estilo de vida y apariencia.

Pulverificatriz

Todos alguna vez nos hemos preguntado qué somos. Especialmente cuando estamos abrumados o maravillados, nos sentimos insignificantes. ¿Somos gotas de lluvia, alfileres, átomos, semas, píxeles?

Sin importar qué hagamos, al final no seremos más que polvo. Para ser más exactos: pulverificatriz (polvo del polvo). Esta palabra solamente la usaba el cronista limeño Adán Felipe Mejía y Herrera (1896-1948), más conocido como El Corregidor.

¿Qué tipo de pulverificatriz seremos? Podemos ser la máchica que atora fácilmente, el polvillo menudo de las alfombras por las que hace mucho no pasa una aspiradora, el polvo dorado de un reloj de arena e incluso, si tenemos suerte, podemos llegar a ser un diamante.  Desapareceremos. Pero hasta que eso pase somos los responsables de darle sentido a nuestras vidas. Y quizás en ese breve lapso podamos jugar a ser viajeros por el túnel del tiempo, sopladores de vilanos, amanuenses, donantes, soñantes…