Pulverificatriz

Todos alguna vez nos hemos preguntado qué somos. Especialmente cuando estamos abrumados o maravillados, nos sentimos insignificantes. ¿Somos gotas de lluvia, alfileres, átomos, semas, píxeles?

Sin importar qué hagamos, al final no seremos más que polvo. Para ser más exactos: pulverificatriz (polvo del polvo). Esta palabra solamente la usaba el cronista limeño Adán Felipe Mejía y Herrera (1896-1948), más conocido como El Corregidor.

¿Qué tipo de pulverificatriz seremos? Podemos ser la máchica que atora fácilmente, el polvillo menudo de las alfombras por las que hace mucho no pasa una aspiradora, el polvo dorado de un reloj de arena e incluso, si tenemos suerte, podemos llegar a ser un diamante.  Desapareceremos. Pero hasta que eso pase somos los responsables de darle sentido a nuestras vidas. Y quizás en ese breve lapso podamos jugar a ser viajeros por el túnel del tiempo, sopladores de vilanos, amanuenses, donantes, soñantes…

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