Yo también quiero mi chompita

Hace unos días, una persona cercana me aconsejó que aceptara mi realidad. Le contesté que yo aceptaba y vivía todos los días “mi realidad”, pero no por ello estaba impedida de aspirar a algo distinto y a tratar de conseguirlo con los medios que tenía  a mi alcance.

En una entrevista reciente, Milagros Leiva le preguntó a Morella Petrozzi cuándo aprendió a quererse. Y ella dio una respuesta que me encantó y que me gustaría que me guíe en mi búsqueda de la felicidad: “Fue todo un proceso. Capturé los instrumentos que necesitaba para ser feliz. Hace poco le dije a mi madre que yo siento que tengo dos madejas de lana. Mis dos madejas están bien peinaditas y desenredadas y con esas madejas he tejido una chompita que me abriga y voy por el mundo, sin hacer daño a nadie. Hay mucha gente que tiene su lana hecha de nudos, toda enredada y por eso se complica, porque no puede tejerse una chompa para estar abrigada”.

Todos tenemos el derecho a ser felices, a buscar el equilibrio, a incorporar a nuestra cotidianidad el placer (disfrute a través de los sentidos), la pasión (entusiasmo por lo que hacemos) y la paz (aquella sensación indefinible de que todo está bien tal y como está, y que da paso a la calma), tal como enseña David Fischman.

Así que reafirmo mi deseo de tejer mi chompita e ir en búsqueda de mi felicidad.

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