Archivo mensual: septiembre 2010

Panash

Tuve un jefe que le gustaba emplear la palabra panash para designar todo aquello que fuera elegante y lujoso. Si un auto, joya o destino turístico era lo suficientemente panash, era digno de ser incluido en la publicación que dirigía.

A reporteros, diseñadores y editores nos sonaba a fiesta, carnaval. Imaginábamos un gran corso con gente disfrazada cargando carteles que llevaran escrito ¡PANASH! Intrigados por conocer qué significaba exactamente, le preguntamos al feliz usuario de panash. Nos dijo que significaba elán. No satisfechos, buscamos en Internet y encontramos que la simpática palabrita incluía un espectro de características que iban de llamativo a con estilo pasando por exuberante.

Creo que El entierro de la sardina de Francisco de Goya encarna a la perfección lo que es panash. Esta pintura que me fascinaba mirar en el diccionario cuando era niña, tiene la vistosidad e ímpetu de la multitud que circula. Los madrileños animosos en pleno carnaval del siglo XIX, a pesar de la oscuridad (¿símbolo del caos?), se mueven con tanto estilo que dan ganas de decirles ¡panash!

La locura de estar enamorado

De entre todas las locuras, la de estar enamorado es la única socialmente permitida (pensemos en el Día de San Valentín y su exitoso márketing). Incluso, psiquiatras europeos ya han identificado un trastorno obsesivo-compulsivo en las personas “enfermas de amor”. Esta locura tiene su precuela, que a mí me gusta llamarla la fase smitten: cuando uno está aternurado, enternecido, herido, fulminado. Según expertos, este impulso puede llegar a ser aún más fuerte que el deseo sexual y el cariño.

La Dra. Helen Fisher, antropóloga y autora del libro La Anatomía del Amor, divide en tres las etapas del amor:

  • Lujuria: predomina la testosterona que lleva a ser más competitivo. Prima el deseo y el impulso sexual, que así como obsesionan se esfuman.
  • Atracción: es la fase del amor romántico que se caracteriza por la presencia de dopamina y norepinefrina, responsables del regocijo y vértigo. Un romance aumenta la actividad en las zonas cerebrales de la motivación y la atención.
  • Vínculo: la oxitocina y la vasopresina dan paso al cariño y propician la evolución hacia una relación apacible y duradera (necesarias para conformar una familia).

Los estudiosos del amor no se han limitado a señalar sus fases sino que han llegado a afirmar que los seres humanos se encuentran biológicamente programados para sentirse enamorados entre 18 y 30 meses. El “amor” tendría un ciclo de vida lo suficientemente largo para que la pareja se conozca, copule y tenga un hijo.

Belleza Dove

“Una mujer nunca es demasiado bella; cuanto mayor es su atractivo, más resplandece su feminidad” (Gilles Lipovetsky). 

Sueños del pasado y del futuro

Últimamente escucho hablar de los sueños constantemente. Los sueños como anhelos, metas importantes que motivan nuestros actos. Mi sobrino me dice que persiga mis sueños. La publicidad de los bancos también apela a no conformarse y conseguir lo que uno quiere. ¿Merecemos lo que soñamos?

Siempre hemos soñado. En una entrevista, Bradbury dijo que la ciencia-ficción es la ciencia de las sueños y que empezó en las cavernas. Que los trazos plasmados en las cuevas eran problemas para ser resueltos. Si es así, las respuestas vendrían a ser sueños primitivos: las primeras formas de cacería. Aquellos soñantes, al igual que nosotros, tenían que pensar algo para resolverlo. Pensarlo tanto que llegaran a soñarlo (y a merecerlo).

Me enteré hace poco que en las profundidades de Malasia vive una población que goza de una paz mental, creatividad y felicidad envidiables: los senoi. Ellos tienen la costumbre de contar en familia cada mañana sus sueños; los mayores analizan los sueños de los menores y los aconsejan cómo deben conducirlos. A los senoi se les considera “soñadores lúcidos” (son conscientes de sus sueños y pueden controlarlos) que además orientan sus quehaceres de acuerdo a lo que sueñan. Literalmente persiguen sus sueños.

Norbert Lechner decía que “los sueños del futuro nos hablan de las promesas incumplidas del pasado”. Probablemente, en el futuro se desarrolle una industria que haga posible controlar nuestros sueños (con influencias de la película Abre los ojos). Quizás estos sueños futuros nos acerquen a las infinitas posibilidades del “hubiera sido”, o quizás nos suspendan en una duermevela hasta que repongamos energías para volver a perseguir nuestros sueños.

Bradshaw más allá de la tradición

Nunca vi la serie Sex and the city. La película me pareció simpática, pero me quedo con la secuela. Aquí vemos a  Carrie Bradshaw felizmente casada y dándose cuenta de que si se va a tratar solo de ella y Mr. Big, ambos tendrán que hacer un esfuerzo por mantener la chispa en la relación. Carrie también se percata que las tradiciones son un referente demasiado importante. Y estos pensamientos afloran durante una boda gay, donde precisamente se toma la ceremonia matrimonial para transformarla en una fiesta a la medida de los novios.

Hay otros temas en la película. Están los fuertes lazos que tiene Carrie con sus disímiles amigas, las paces simbólicas con los países islámicos después del 11-S (el viaje a Abu Dhabi), el despliegue de glamour para hacernos olvidar por un momento la crisis que aún no se va del todo y el  halago al estilo de vida de los dinks (“somos adultos sin hijos, tenemos el lujo de poder diseñar nuestras vidas”).

Pero lo que más me gustó es la convicción, casi al final, de Carrie diciendo “tienes que tomar la tradición y decorarla a tu manera” y concluyendo “cuando se trata de relaciones hay toda una gama de colores y opciones por explorar”, con True colors como fondo musical y un reluciente diamante negro en su nuevo anillo de compromiso.  

Sex and the city II da vida a la fusión del cambio y la permanencia de la que hablan los estudiosos de las ciencias sociales. Pero deja en claro que dependerá de nosotros cuántos grados de revolución y cuántas dosis de tradición queremos en nuestras vidas.