La locura de estar enamorado

De entre todas las locuras, la de estar enamorado es la única socialmente permitida (pensemos en el Día de San Valentín y su exitoso márketing). Incluso, psiquiatras europeos ya han identificado un trastorno obsesivo-compulsivo en las personas “enfermas de amor”. Esta locura tiene su precuela, que a mí me gusta llamarla la fase smitten: cuando uno está aternurado, enternecido, herido, fulminado. Según expertos, este impulso puede llegar a ser aún más fuerte que el deseo sexual y el cariño.

La Dra. Helen Fisher, antropóloga y autora del libro La Anatomía del Amor, divide en tres las etapas del amor:

  • Lujuria: predomina la testosterona que lleva a ser más competitivo. Prima el deseo y el impulso sexual, que así como obsesionan se esfuman.
  • Atracción: es la fase del amor romántico que se caracteriza por la presencia de dopamina y norepinefrina, responsables del regocijo y vértigo. Un romance aumenta la actividad en las zonas cerebrales de la motivación y la atención.
  • Vínculo: la oxitocina y la vasopresina dan paso al cariño y propician la evolución hacia una relación apacible y duradera (necesarias para conformar una familia).

Los estudiosos del amor no se han limitado a señalar sus fases sino que han llegado a afirmar que los seres humanos se encuentran biológicamente programados para sentirse enamorados entre 18 y 30 meses. El “amor” tendría un ciclo de vida lo suficientemente largo para que la pareja se conozca, copule y tenga un hijo.

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