Archivo mensual: enero 2011

Gastronomía y sofisticación

Cuando pienso en sofisticación y gastronomía se me vienen a la mente dos imágenes: espumas posadas en un plato de forma geométrica y pepitas de oro en una botella de sake. La primera imagen corresponde a una muestra de la cocina molecular que aprovecha los procesos a los que se pueden someter los alimentos para darles diferentes texturas y propiedades. La segunda corresponde a una bebida muy cotizada en los bares de una metrópoli sudamericana.

Veo que la gastronomía está yendo por un camino de lujo y elitismo. Hay restaurantes como Ithaa (a cinco metros bajo el mar y rodeado de coral) que desafían los límites geográficos, que utilizan espacios destinados para otros fines (como es el caso de Fortezza Medicea, una prisión de máxima seguridad italiana donde cocinan y atienden condenados por la justicia), o como el barcelonés Don’t tell que se esconde tras una fachada de tintorería y al que solo una selecta clientela puede ingresar. Y por si fuera poco existen catadores de agua y oro comestible en polvo y en láminas.

¿Cuando la gastronomía se va de paseo con la sofisticación se olvida de otros problemas alimentarios que podría estar atendiendo? ¿Está de fiesta pero no desatenderá una de sus tareas más importantes?

No lo sé. Soy abstemia, vegetariana y la cocina (aunque lo he intentado) no es lo mío. Creo que podría tener una oportunidad en la repostería. Ahora tengo ganas de comer simple.

Pero entre toda esta tendencia que raya con la excentricidad, hay un gastroempresario (como llamaron en El País a Gastón Acurio) que podría dar respuestas sobre estos temas. Justo antes de que terminara de escribir el post me encontré con una declaración suya en Madrid Fusión 2011: “La gastronomía puede conseguir un mundo justo. Es una frivolidad si solo permanece como espacio de placer. No se pueden renunciar a las posibilidades de cambiar el mundo. Es vertical: cruza la agricultura, la pesca, la industria; el consumidor debe entender que su misión empieza en el restaurante pero no acaba en la mesa”.

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Soledad cálida

La soledad que se disfruta debe parecerse a la que tienen los cantantes famosos cuando las luces se apagan, se vuelven anónimos y pueden estar con ellos mismos.

En una entrevista le preguntaron a Gastón Acurio si tenía tiempo para él entre tantas reuniones, viajes, programas y diversas actividades que realiza rodeado de gente, y él respondió: “Mi soledad es una de las cosas más preciadas. Momentos para pensar, leer, escuchar música, ver películas, navegar por Internet. Soñar despierto y explorar los territorios más recónditos de mí mismo”.

La soledad en este caso es cálida. Es como caminar libremente por una vereda soleada en un día espléndido; es una experiencia deliciosa, un privilegio al que solo se renuncia cuando aparece alguien interesante en nuestro camino.  

Para la mujer en particular, suele llegar un momento en que ya no tiene que cuidar de nadie, ni de preocuparse por otros y es entonces donde puede disfrutar de la soledad cálida. Como dijo Florence Falk: “La soledad es una oportunidad, un estado de potencialidad rebosante, con recursos para renovar la vida”.

Soledad absoluta

La imagen que tengo de la soledad absoluta es la de Robert Panaud al final de la miniserie Le cri, recorriendo los escombros de la industria siderúrgica donde trabajó toda su vida. Una vez jubilado, recuerda las luchas de sus compañeros de trabajo y casi puede escuchar los gritos de los trabajadores que murieron ahí.

Hay soledad absoluta en quienes viven en el Cuarto Mundo en medio de hambre crónica y pobreza estructural. Aunque anónimos, con historias que muchas veces no se llegan a conocer, es muy probable que un grito suyo fuera mayor que el de varios.

Y esta soledad, que debe parecerse al frío extremo, también está en el discurso de Herta Müller  (Premio Nobel de Literatura 2009) que finaliza así: “Puede ser que, desde siempre, la pregunta por el pañuelo no se refiera en absoluto al pañuelo, sino a la extrema soledad del ser humano”.

Pero hay otra soledad, que se vive optimistamente, en un clima cálido por decirlo así. Tema de otro post.  

Hipótesis

Este año de incertidumbre y expectativas, algunas hipótesis y pocas certezas dan ganas de preguntarse ¿sueñan los androides con ovejas eléctricas? Estudiando la gramática francesa encontré tres tipos de hipótesis: en presente (“si fuera una nube, volaría”), en futuro (“si estudias, triunfarás) y en pasado (“si hubiera ahorrado lo suficiente, me hubiera ido de vacaciones a Curazao”). La primera y segunda hipótesis suelen referirse a anhelos y consecuencias previsibles de nuestros actos; pero la tercera es más complicada porque implica el desarrollo de acciones en base a supuestos (que van de lo muy probable a lo casi imposible).

En varias películas se han tratado los viajes en el tiempo, quizás porque el ser humano siempre ha querido rehacer su pasado (tal y como sucede con los personajes bradburianos que se dirigen a un momento de su pasado con un objetivo determinado) y explorar otras realidades (aventurándose en lo novedoso y lejano). Todo parece indicar que los viajes al futuro  podrían hacerse realidad.