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Hola Macca, adiós Bijoux

Fui una de las 47 mil personas que fue a ver a Paul McCartney en el Estadio Monumental. Me pareció increíble asistir al concierto de un Beatle y pagué lo que nunca había pagado por un espectáculo. Además de las hermosas canciones (de The Beatles y de su carrera como solista), de las simpáticas similitudes (Paul McCartney y yo somos vegetarianos y cumplimos años el mismo día) y de todo lo que los Cuatro de Liverpool significaron para la historia del rock, yo tenía una razón adicional (y personal) para no perderme este concierto.

Hace unos meses Bijoux me dio el adiós definitivo y yo me aterré tanto de hundirme en la depresión, de descubrir alguna nueva forma de autodestrucción o no saber qué hacer con el dolor que sentiría, que no me permití llorar y continué hacia adelante como si nada hubiera pasado, con la diferencia que trabajé más duro que nunca (no solo en el ámbito laboral). Incluso me di el “lujo sentimental” de asistir a un emotivo matrimonio y pude mirar con ojos ternura (pero sin derramar ni una lágrima)  a la pareja que se casaba.

Tocó Yesterday (que tiene 3 700 versiones), le dedicó Here today a John Lennon y Something a George Harrison, nos regaló una excelente versión de Live & let die con fuegos artificiales, y nos transportó a otro tiempo (ante mis ojos, a medida que avanzaba el concierto, Macca rejuvenecía). Pero una de las certezas que tuve es que él  estuvo realmente maravillado de arribar al Perú y se entregó en el escenario.

Los últimos cambios en mi vida se han dado de manera natural. El concierto de Paul McCartney fue para mí un obsequio y asistir, una forma simbólica de decirle adiós a Bijoux (que por cierto es un fanático de The Beatles). Cuando le dije hola a Macca, le di la bienvenida a todas las cosas buenas (y nuevas) que me esperan. Finalmente, todo es amor.

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Mi pareja favorita

Robert Smith y Mary Poole se conocieron a los 14 años en una clase de teatro en el colegio y una vez que se dieron la oportunidad, nunca más se separaron. La primera vez que fueron al cine vieron La masacre de Texas (1974). Mary estudió Educación Especial pero dejó de ejercer su carrera cuando The Cure adquirió fama internacional. Durante la gira The Kissing Tour, Robert le propuso matrimonio. El 13 de agosto de 1988 se casaron en un monasterio benedictino de Sussex, donde no se permitió la entrada de fans ni reporteros para que ese día Mary (y no The Cure) fuera la protagonista. En una entrevista, Robert llamó a Mary (quien aparece brevemente en el videoclip de Just like heaven) su Cindy Crawford. Tíos de 25 sobrinos, decidieron nunca tener hijos. Viven felices al sur de Inglaterra en una casa con vista al mar.

Amor líquido (II)

Bauman también reflexiona en su obra sobre el “prójimo” y la vida en comunidad. Establece que aceptar “amar al prójimo” es el modo como nace la humanidad, y de donde se desprenden todas las normas de convivencia. Asimismo, dedica algunas reflexiones a la dignidad humana: el amor a uno mismo puede hacernos rechazar una vida indigna, la dignidad no se puede desligar de la humanidad (y está por encima de la supervivencia).
 
Pero esta persona contemporánea se enfrenta a un mundo que no favorece la confianza, densamente poblado (con guetos voluntarios e involuntarios), que tiene problemas globales (y algunas soluciones locales), y es ahí donde se evidencia lo que el autor llama la “unión desmantelada”: la desintegración de la vida comunitaria, que tiene su punto más alto en la mixofobia (la reacción negativa hacia la gran variedad de estilos de vida) que vuelve más aterradores a los extraños en la medida en que desaparece la interacción con ellos.  
 
Resulta muy difícil convivir pacíficamente si se toma en cuenta que “las personas tienden a tejer sus imágenes del mundo con el hilo de su experiencia” y las relaciones interpersonales son concebidas como convenientes o inconvenientes. Sin embargo, el autor asegura que tanto la mixofobia como la mixofilia coexisten en todas las ciudades, y apela a vivir feliz con la diferencia y a beneficiarse de toda la polifonía disponible.

Estos mapas ilustran cómo ven EE. UU., Francia y Bulgaria a Europa. Son parte del proyecto de estereotipos del diseñador gráfico Yanko Tsvetkov.

Amor líquido (I)

Cuando en el siglo XVII el Virrey Marqués de Montesclaros encargó la construcción del Puente de Piedra se necesitaron casi un millón de claras de huevo de las islas guaneras, piedra de Chorrillos, ladrillo de El Agustino y cal. Una relación de pareja es como tender un puente, se necesita mucha voluntad para construirla. La interrogante posmoderna sería  ¿para qué construir un puente por donde nunca va a pasar el río?

Zygmunt Bauman habla del miedo a establecer relaciones duraderas, más allá de las conexiones fugaces en Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Primero describe ampliamente al amor (generador de miedos y gozos) que encuentra sentido en el impulso de su propia construcción. Luego hace la distinción entre deseo y amor. Mientras el deseo es anhelo de consumir, absorber, digerir y aniquilar, el amor quiere proteger, nutrir, dar refugio, encarcelar. Si bien el deseo parece conducir lentamente a las parejas hacia un compromiso afectivo, es inevitable considerar que la relación es una inversión (monetaria, de tiempo y esfuerzos que se podrían destinar a otros fines) y que nunca se está preparado para hacer público un vínculo de este tipo.

En este panorama, se evitan  los  compromisos a largo plazo, y se prefieren conexiones superficiales que no llegan a ser un vínculo, una relación. Pero como el autor señala: mientras más atención dedica a las relaciones virtuales menos tiempo se le brinda a las no virtuales. ¿Y el sexo que queda fuera de la virtualidad? En Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos se especifica que el sexo es cada vez más aceptado como un modo de buscar la felicidad individual, incluyéndose aquí al “sexo puro” (sin lazos ni ataduras).

Afirma Bauman que en nuestro moderno mundo líquido se requiere de humildad y coraje, después de todo “existe siempre la sospecha de que algo hemos dejado sin explorar o intentar, de que alguna posibilidad de felicidad desconocida y completamente diferente de la experimentada hasta el momento se nos ha ido entre las manos o está a punto de desaparecer para siempre si no hacemos algo al respecto”.

Nota: la ilustración corresponde al álbum El mundo invisible de Fito Espinoza (http://www.fitoespinosa.com/emi)

El fruto prohibido

En Noruega, Suecia y Finlandia se pueden encontrar a rigurosos lestadianos que conforman una comunidad luterana caracterizada por seguir  literalmente las enseñanzas bíblicas y por la firme prohbición del uso de maquillaje, la música rítmica, la televisión, las relaciones sexuales fuera del matrimonio, los anticonceptivos, el alcohol y las drogas: “tentaciones” que puedan llevar a sus fieles al pecado. De familias numerosas, los lestadianos suelen vivir en zonas rurales.

En la película finlandesa El fruto prohibido (Kielletty hedelmä, 2009) Raakel y Maria, dos amigas que acaban de alcanzar la mayoría de edad, saldrán de su entorno para conocer qué hay allá fuera. La “tentación” vendrá a ellas en diferentes presentaciones: en una aclamada película de autor, en una botella de sidra que aparece varias veces (¿simbolizando el fruto prohibido?), en el deslumbrante glamour de la noche y también en el amor. Los pastores de su iglesia intervendrán como fuerzas del orden para recuperar a dos “ovejas” de su rebaño, pero será en vano porque en la película dirigida por Dome Karukoski todo fluye con naturalidad, incluido el miedo a lo desconocido, la curiosidad por lo nuevo y el regreso. No obstante, la culpa sigue a las amigas porque han sido educadas en base al arrepentimiento y el perdón.

Mi escena favorita es la de Raakel y su nuevo amigo Toni oyendo Unicornio de Silvio Rodríguez. Ella, comprendiendo los sentimientos que ambos comparten, le asegura que ella es una sombra, una imagen en 3D de otro planeta, y que por lo tanto no puede ser tocada porque simplemente ella no está presente.

Raakel y Maria retornan durante la celebración típica de los conservadores lestadianos: los servicios de verano llenos de prédica y confraternidad. A continuación, Maria se casa y decide quedarse con los suyos. Y Raakel parte sabiendo que pierde algo muy importante (el vínculo con su comunidad) a cambio de tener control sobre su vida. No creo que haya sido seducida por el mundo de afuera, sino que experimenta una transformación interna que la conduce a vivir su fe de otro modo. Y aunque no se ve en la película, me hubiera gustado que Raakel aceptara la invitación de su amigo para conocer la India. El “fruto prohibido” no es la manzana, ni el sexo. Es el conocimiento: una puerta a otras posibilidades.

Hay varios símbolos en El fruto prohibido. El agua purificadora del lago, el unicornio azul que representa a la pérdida de algo muy valioso, pero me quedo con las manos. Manos que acarician, que rechazan, que guían y que escogen con libertad.

“Anoche soñé contigo”

Ajena a las fiebres que causan tantos cantantes y grupos que nos visitan, no me había percatado de esta canción que es lo máximo. Reconozco que el amor ha sido mi faro más de una vez.

Pensé en Suleiman que prefiere entrenar de noche y dar un golpe a la vez, en H que es capaz de dormir doce horas seguidas y en Bijoux que no llegó a probar mi pye de manzana. Y les deseé mucha alegría (y algo de estabilidad para que no se les escape tan pronto de las manos).

La locura de estar enamorado

De entre todas las locuras, la de estar enamorado es la única socialmente permitida (pensemos en el Día de San Valentín y su exitoso márketing). Incluso, psiquiatras europeos ya han identificado un trastorno obsesivo-compulsivo en las personas “enfermas de amor”. Esta locura tiene su precuela, que a mí me gusta llamarla la fase smitten: cuando uno está aternurado, enternecido, herido, fulminado. Según expertos, este impulso puede llegar a ser aún más fuerte que el deseo sexual y el cariño.

La Dra. Helen Fisher, antropóloga y autora del libro La Anatomía del Amor, divide en tres las etapas del amor:

  • Lujuria: predomina la testosterona que lleva a ser más competitivo. Prima el deseo y el impulso sexual, que así como obsesionan se esfuman.
  • Atracción: es la fase del amor romántico que se caracteriza por la presencia de dopamina y norepinefrina, responsables del regocijo y vértigo. Un romance aumenta la actividad en las zonas cerebrales de la motivación y la atención.
  • Vínculo: la oxitocina y la vasopresina dan paso al cariño y propician la evolución hacia una relación apacible y duradera (necesarias para conformar una familia).

Los estudiosos del amor no se han limitado a señalar sus fases sino que han llegado a afirmar que los seres humanos se encuentran biológicamente programados para sentirse enamorados entre 18 y 30 meses. El “amor” tendría un ciclo de vida lo suficientemente largo para que la pareja se conozca, copule y tenga un hijo.