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Loft

Los lofts son viviendas espaciosas con pocas divisiones, techos altos y mucha luz natural (por sus amplias ventanas). Han aparecido en varias películas ambientadas en Nueva York habitadas por artistas, intelectuales y dinks.  Hay lofts en distintas ciudades, pero los primeros aparecieron  en la ciudad insomne en los cincuenta, cuando estudiantes y artistas “reciclaron” fábricas y depósitos abandonados para habitarlos.

Especulo que estos departamentos minimalistas son ideales para practicar yoga porque invitan a la calma.  Desde el punto de vista de la decoración de interiores, son muy flexibles porque al no facilitar la acumulación de cachivaches y tener más superficie y volumen que una vivienda tradicional, los lofts permiten cambiar el orden de los muebles o variar el uso de los espacios más fácilmente.

Cozy

Una de mis palabras favoritas en inglés es cozy (que significa acogedor). Cozy describe a los lugares acogedores, cálidos, cómodos, que tienen mucho de nosotros, donde se está bien sí o sí. Es un sitio que  te admite y te ampara, te da tranquilidad. Todo niño merece un hogar cozy, y me imagino que los adultos en algún momento somos capaces de diseñar un lugarcito semejante.

Cozy debe estar emparentado con “hygge” que es una palabra danesa para designar el bienestar que se experimenta cuando se está en armonía con su entorno más cercano y se disfruta de este espacio.

La imagen mental que tengo de cozy está presente en un capítulo de El Oso, el Tigre y los demás, dibujo animado que se transmitía en los ochentas. El Oso y el Tigre viven tranquilos y felices en una casa cerca del río, junto a un gran árbol, hasta que un día se aventuran hacia Panamá.

¿Vale la pena abandonar un hogar cozy para aventurarse a una maravilla desconocida? Panamá huele a bananas, allá todo es mucho más lindo y es el país de los sueños. Pero aquello de partir a tierras lejanas en busca de una vida prometedora es parte de otra historia…

Casa

Mi primera idea de una casa debe haberse inspirado en las imágenes de un libro de Plaza Sésamo. Ahí estaban las indicaciones para construir una casa de cartón, amoblarla y decorarla. Las mesas se hacían con tapas de mermelada y un carrete de hilo, las camas eran cajitas de fósforo.

Tendría unos seis años cuando participé con ilusión (aunque sin éxito) en el sorteo de la casa de ensueño de la Barbie. Era una casa preciosa, rosada, con todo lo que Barbie y Ken pudieran necesitar.

Ahora, más que nunca, tengo ganas de habitar mi propia casa. Sé que el camino para lograrlo no será fácil, pero vale la pena intentarlo.

Gustavo Cerati canta:

“Quiero una casa,
quiero un hangar
y una torre de lanzamiento.
Hoy nuestra aldea
es todo este mundo
y no es un mero pretexto”.