Archivo de la etiqueta: comunidad

Amor líquido (II)

Bauman también reflexiona en su obra sobre el “prójimo” y la vida en comunidad. Establece que aceptar “amar al prójimo” es el modo como nace la humanidad, y de donde se desprenden todas las normas de convivencia. Asimismo, dedica algunas reflexiones a la dignidad humana: el amor a uno mismo puede hacernos rechazar una vida indigna, la dignidad no se puede desligar de la humanidad (y está por encima de la supervivencia).
 
Pero esta persona contemporánea se enfrenta a un mundo que no favorece la confianza, densamente poblado (con guetos voluntarios e involuntarios), que tiene problemas globales (y algunas soluciones locales), y es ahí donde se evidencia lo que el autor llama la “unión desmantelada”: la desintegración de la vida comunitaria, que tiene su punto más alto en la mixofobia (la reacción negativa hacia la gran variedad de estilos de vida) que vuelve más aterradores a los extraños en la medida en que desaparece la interacción con ellos.  
 
Resulta muy difícil convivir pacíficamente si se toma en cuenta que “las personas tienden a tejer sus imágenes del mundo con el hilo de su experiencia” y las relaciones interpersonales son concebidas como convenientes o inconvenientes. Sin embargo, el autor asegura que tanto la mixofobia como la mixofilia coexisten en todas las ciudades, y apela a vivir feliz con la diferencia y a beneficiarse de toda la polifonía disponible.

Estos mapas ilustran cómo ven EE. UU., Francia y Bulgaria a Europa. Son parte del proyecto de estereotipos del diseñador gráfico Yanko Tsvetkov.

Vallas donde vayas

Hace unos días, mi abuela y yo nos encontramos con un animado candidato a alcalde de nuestro distrito. Nos saludó con una amplia sonrisa y nos dijo que, en caso ganara las próximas elecciones, su primera medida sería empadronar a los perros (¿?), pero el gran cambio que emprendería sería poner una reja alrededor de la urbanización, de modo que pareciera un condominio.

Me quedé pensando en el asunto de la urbanización enrejada: los visitantes a nuestra urbanización miraban con agrado el pequeño enclave que era (con parques que tenían en el centro un ancla, una pastilla gigante o alguna virgencita), era cierto que en los últimos años se habían presentado problemas de inseguridad ciudadana, pero ¿era necesario enrejar el contorno de la urbanización? Me topé con unas reflexiones del crítico de arquitectura estadounidense Steven Flusty. El autor de Building paranoia llamaba “espacios interdictorios” a los encargados de filtrar a los potenciales usuarios. Y la tendencia era que en Lima empezaran a propagarse los “espacios interdictorios”, que podían ser escurridizos (si hacían inaccesibles las vías de acceso), nerviosos (si los vecinos eran vigilados permanentemente) o erizados (cuando eran incómodos).

Pero lo interesante era que Flusty y otros autores estaban convencidos que el exceso de seguridad en los barrios terminaba con la “desintegración de la vida comunitaria”, que era lo que ningún candidato pretendía hacer (al menos, eso creo). Al igual que los barrios de clase alta que excluían cada vez más a los “otros”, ¿empezaríamos a imitarlos nosotros también? ¿Terminaríamos dentro de unos años como en el cuento El peatón, de Bradbury?