Archivo de la etiqueta: felicidad

Casi treinta

Pronto cumplo treinta. He estado reflexionando sobre mi paso a la base tres y creo que los cambios (a nivel de percepción, especialmente) empezaron alrededor de los 28 años. Noté que me empezaban a conmover cosas que antes no lo hacían, y que me dejaban de importar otras. A continuación, unos tips que me doy a mí misma:

  • Lo más sano posible: digan lo que digan, lo mejor es alimentarse balanceadamente, hacer ejercicio regularmente, dormir suficientes horas y hacer lo que esté en nuestras manos para mantenernos sanos.
  • Aún en los tiempos difíciles hay que ser productivos: cuando las cosas van mal, se está en crisis, cuando todo se ve en escala de grises hay que hacer cosas positivas, útiles. Cuando miremos atrás nos sentiremos orgullosos de haberlo hecho.
  • Aprender de los maestros: a lo largo del tiempo hay personas que por su sabiduría, experiencia en un ámbito determinado o luz propia son como maestros que nos guían. Yo creo que es lo máximo aprender de ellos. Me siento orgullosa, por ejemplo, de aprender con la mejor profesora de Pilates y la mejor profesora de corrección de estilo.
  • Decidir bien no siempre es acertar.
  • Vuelta a lo orgánico: desconectarse, hacer las cosas a la antigua, buscar experiencias orgánicas son medidas sanas en estos tiempos de Web 2.0 (y pronto Web 3.0). Te da otra perspectiva.

Alguien más hizo un balance…

Anuncios

“Anoche soñé contigo”

Ajena a las fiebres que causan tantos cantantes y grupos que nos visitan, no me había percatado de esta canción que es lo máximo. Reconozco que el amor ha sido mi faro más de una vez.

Pensé en Suleiman que prefiere entrenar de noche y dar un golpe a la vez, en H que es capaz de dormir doce horas seguidas y en Bijoux que no llegó a probar mi pye de manzana. Y les deseé mucha alegría (y algo de estabilidad para que no se les escape tan pronto de las manos).

Yo también quiero mi chompita

Hace unos días, una persona cercana me aconsejó que aceptara mi realidad. Le contesté que yo aceptaba y vivía todos los días “mi realidad”, pero no por ello estaba impedida de aspirar a algo distinto y a tratar de conseguirlo con los medios que tenía  a mi alcance.

En una entrevista reciente, Milagros Leiva le preguntó a Morella Petrozzi cuándo aprendió a quererse. Y ella dio una respuesta que me encantó y que me gustaría que me guíe en mi búsqueda de la felicidad: “Fue todo un proceso. Capturé los instrumentos que necesitaba para ser feliz. Hace poco le dije a mi madre que yo siento que tengo dos madejas de lana. Mis dos madejas están bien peinaditas y desenredadas y con esas madejas he tejido una chompita que me abriga y voy por el mundo, sin hacer daño a nadie. Hay mucha gente que tiene su lana hecha de nudos, toda enredada y por eso se complica, porque no puede tejerse una chompa para estar abrigada”.

Todos tenemos el derecho a ser felices, a buscar el equilibrio, a incorporar a nuestra cotidianidad el placer (disfrute a través de los sentidos), la pasión (entusiasmo por lo que hacemos) y la paz (aquella sensación indefinible de que todo está bien tal y como está, y que da paso a la calma), tal como enseña David Fischman.

Así que reafirmo mi deseo de tejer mi chompita e ir en búsqueda de mi felicidad.

La máquina de la felicidad

Leo Auffman le pregunta un día a su esposa si se siente “complacida, contenta, alegre, deleitada, dichosa, afortunada”. A ella le preocupa que Leo empiece a preguntarse cómo funcionan las cosas simples, porque este tipo de cuestionamientos no lo conducirán a nada. Es entonces cuando él decide construir la “máquina de la felicidad”, equipándola con objetos y estímulos que causen alegría.

Al interior de la novela El vino del estío (1957), Ray Bradbury antepone a Leo (vivificado por llevar a cabo su soñadora empresa) y Lena (siempre ocupada por los quehaceres domésticos y el cuidado de sus hijos) en una historia que habla de la felicidad.

Cuando el invento está listo, resulta que no trae felicidad sino que la amenaza, porque cuando alguien entra a esta “máquina de la felicidad” evalúa sus propias experiencias y sale decepcionado porque sabe que ha hecho un viaje hacia una ilusión inalcanzable.

Bradbury no especifica demasiado sobre esta “máquina de la felicidad”. Por el texto, se sabe que está pintada de naranja, tiene la temperatura perfecta y es capaz de transportar a su “pasajero” a ciudades magníficas.

Leo Auffman se siente derrotado y su artificiosa máquina es destruida. Pero antes que la máquina arda en llamas, Lena le hace notar explícitamente a su esposo que ha cometido dos errores: ha detenido las cosas rápidas (como las puestas de sol) y ha traído cosas lejanas (como París) a un sitio donde no corresponden. 

Pronto Leo descubrirá que la verdadera felicidad está más cerca de lo él imagina.

¿Feliz?

Cuando era niña mi mayor felicidad consistía en ir a la playa la mayor cantidad de días posibles y una vez allí hacer castillos de arena, recoger conchas marinas y almorzar lenguado. Todas esas actividades habrían definido para mí lo que es la felicidad porque me daban varios félix por minuto. Podría incluso decir que los días de verano eran para mí los más felices.

Si me preguntaran qué me haría feliz ahora, diría que es lograr algunas metas que vengo persiguiendo, ejercer mi carrera de manera estable y seguir disfrutando de las cosas que me gustan. Pero ahora es sobre todo la estabilidad lo que definiría mi felicidad. La estabilidad que  permite hacer planes pero también tener cierto grado de tranquilidad.

Alfredo Bryce Echenique escribió en Entre la soledad y el amor que “la felicidad no es algo superfluo, tampoco un lujo, por la sencilla razón de que se trata de algo necesario para vivir”.

Voy en busca de aquello que necesito para vivir convencida de que no me faltará el valor para luchar por mí.