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Matrioshkas

“Solo una mujer puede convertir, con su mera presencia, un segundo cualquiera en una promesa”

(Ya sólo habla de amor, Ray Loriga)

Las matrioshkas tradicionales están hechas de madera, pintadas al óleo y huecas por dentro (para albergar a una nueva muñeca, y esta a otra, y así sucesivamente). Aparecieron por primera vez a fines del siglo XIX en una época de florecimiento artístico en Rusia, y desde entonces se asocian a la cultura rusa.

Tengo una matrioshka vestida de celeste y no pareciera llevar dentro otras más pequeñas. Algunos afirman que la tradicional muñeca rusa rinde tributo a la maternidad; pero creo que en realidad es una metáfora del enigma que puede constituir una mujer, por los secretos que alberga, porque para conocer sus pensamientos (y a veces sus sentimientos) deben pelarse cuidadosamente varias capas de cebolla.

Solo he visto a las pequeñas matrioshkas (de mi matrioshka vestida de celeste) una vez.

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Unas cuantas convenciones

Todos llegamos a la adultez con una inmensa lista de convenciones que hemos acumulado poco a poco. Posiblemente uno de los objetivos que tienen las madres es enseñar gran parte de esas reglas a sus hijos para que se ajusten a cada situación, estén aptos para la vida en sociedad, pero que también los hacen más parametrados.

Revisando El otro dedo meñique. Nuevas sugerencias para deslumbrar en toda ocasión encuentro que si no me maquillo pareceré que estoy en borrador, solo deberé ir al trabajo con mi cartera o maletín (porque si llevo lonchera, bolsas y demás, pareceré un ekeko), pecaré de extravagante si tomo nota en clases con  lapicero de tinta verde y llevar al mercado bolsas de plástico que tengan publicidad atentará contra mi “garbo personal”. ¿Son estos consejos de Frieda Holler realmente imprescindibles?

Por supuesto hay otras convenciones que responden a la lógica y a estándares que tienen como objetivo lograr fluidez en todo tipo de procesos como las normas de tránsito o el formato APA para escribir un texto, pero creo que son más las convenciones que sobran.

La etiqueta social moderna apunta a que aprendamos a proyectar un estilo personal único, sin embargo creo que la tendencia es que cada vez seamos más parecidos, o para ser más exactos, creo que el status quo hace que las personas sean más fáciles de ser clasificadas en grupos predecibles en su comportamiento, estilo de vida y apariencia.

Andrés, Medellín y yo

Hace un año, por estas fechas, hice un viaje corto a Medellín. Me fui escapando del desamor y el desempleo que eran mi día a día en Lima. Hubiera deseado cruzarme con Andrés Caicedo, el cinéfilo y escritor colombiano que murió antes que yo naciera. Hubiera querido conversar y caminar con Andrés, pensaba que me hubiera comprendido totalmente. Había leído todos sus textos y sentía una conexión con él no solo por sus intereses sino porque creo vivimos las mismas experiencias y algunos de los mismos obstáculos y alegrías. Relacionaba a Andrés Caicedo con esta ciudad porque aunque vivió la mayor parte de su vida en Cali, estudió una temporada en el Colegio Calasanz de Medellín y aquí era donde se habían hecho adaptaciones de sus relatos al teatro.

Los días que estuve en Medellín tomé el mismo desayuno: dos tazas de chocolate caliente, arepita, tortilla, un triángulo equilátero de queso fresco y fruta picada. Recuerdo el tremendo calor, las estatuas gigantes de Botero y la ruta turística que improvisé: el Teatro Matacandelas y el Teatro Metropolitano, el Pueblito Paisa, el Parque Biblioteca España (donde abrí un libro y lo volví a cerrar porque me atraparía y yo tenía que seguir caminando), los centros comerciales, el Jardín Botánico, el Parque Explora, el Planetario, el Museo de Antioquía, el Parque de los Deseos, etc.

Me imagino que viajé también porque prefería ser una mujer en tránsito a ser una mujer en espera durante un feriado-puente que no quería asumir en Lima. Me hicieron bien los calores de Medellín y cuando regresé encontré la llave para una puerta que se encontraba cerrada.

Aquí va un cortometraje basado en el cuento Infección de Andrés Caicedo: