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Más puentes

Un puente es esperanza. Esperanza: Pequeña luz  que se enciende en la oscuridad del miedo y la derrota, haciéndonos creer que hay una salida” (El rey transparente, Rosa Montero).

Nadie puede construir el puente sobre el cual hayas de pasar el río de la vida; nadie, a no ser tú” (Friedrich Nietzsche).

Para mí el río era la frontera entre Hitoshi y yo. Cuando imagino el puente, Hitoshi está allí. Yo siempre llegaba tarde y él estaba esperándome en aquel lugar. Cuando íbamos a alguna parte, siempre nos separábamos allí, él iba hacia un lado, y yo hacia el otro(Moonlight shadow, Banana Yoshimoto).

En el valle hay un sólido puente de hierro que el tren atraviesa sin cambiar de llanura, rumbo a otra localidad exactamente igual a nuestro pueblo. Bajo el puente hay nieve en invierno y sombra en verano. Jamás se ve agua en el fondo. El río no se preocupa del puente; discurre a su lado. En los días calurososos del verano se reúnen allí las ovejas” (En tierras bajas, Herta Müller).

Puente

Si alguien puede imaginar la importancia de un puente es seguramente capaz de construirlo, si alguien es capaz de imaginar la inutilidad de un puente, ignorando la necesidad de lo real e imaginando a cambio la impotencia de lo real sobre lo ficticio, será capaz con toda certeza de ignorar, no ya el puente sino la necesidad del puente, y por ese estrecho camino, la necesidad última de cruzarlo”.

 (Ya sólo habla de amor, Ray Loriga)

Amor líquido (I)

Cuando en el siglo XVII el Virrey Marqués de Montesclaros encargó la construcción del Puente de Piedra se necesitaron casi un millón de claras de huevo de las islas guaneras, piedra de Chorrillos, ladrillo de El Agustino y cal. Una relación de pareja es como tender un puente, se necesita mucha voluntad para construirla. La interrogante posmoderna sería  ¿para qué construir un puente por donde nunca va a pasar el río?

Zygmunt Bauman habla del miedo a establecer relaciones duraderas, más allá de las conexiones fugaces en Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Primero describe ampliamente al amor (generador de miedos y gozos) que encuentra sentido en el impulso de su propia construcción. Luego hace la distinción entre deseo y amor. Mientras el deseo es anhelo de consumir, absorber, digerir y aniquilar, el amor quiere proteger, nutrir, dar refugio, encarcelar. Si bien el deseo parece conducir lentamente a las parejas hacia un compromiso afectivo, es inevitable considerar que la relación es una inversión (monetaria, de tiempo y esfuerzos que se podrían destinar a otros fines) y que nunca se está preparado para hacer público un vínculo de este tipo.

En este panorama, se evitan  los  compromisos a largo plazo, y se prefieren conexiones superficiales que no llegan a ser un vínculo, una relación. Pero como el autor señala: mientras más atención dedica a las relaciones virtuales menos tiempo se le brinda a las no virtuales. ¿Y el sexo que queda fuera de la virtualidad? En Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos se especifica que el sexo es cada vez más aceptado como un modo de buscar la felicidad individual, incluyéndose aquí al “sexo puro” (sin lazos ni ataduras).

Afirma Bauman que en nuestro moderno mundo líquido se requiere de humildad y coraje, después de todo “existe siempre la sospecha de que algo hemos dejado sin explorar o intentar, de que alguna posibilidad de felicidad desconocida y completamente diferente de la experimentada hasta el momento se nos ha ido entre las manos o está a punto de desaparecer para siempre si no hacemos algo al respecto”.

Nota: la ilustración corresponde al álbum El mundo invisible de Fito Espinoza (http://www.fitoespinosa.com/emi)

No me toquen ese valse

La obra: algunos dicen que no están muertos

En el 2003 vi la obra de teatro de Yuyachkani No me toquen ese valse y me sentí muy conmovida. Por eso volví a verla este año. Empieza con una música extraña y una niebla que envuelve a los actores: un hombre en la batería y una mujer en una silla de ruedas. A la izquierda de la mujer hay un cactus grande. Adelante está lo que parece ser un santito o una virgencita alumbrada por una pequeña vela encendida.

Los actores intentan incorporarse. Ella trata de levantarse pero no puede, la gestualidad de ambos es exagerada. Reconocen al público y esperan. De pronto ella dice una frase que será clave: “Siento esta noche heridas de muerte: las palabras”. Ellos son  artistas (no sabemos sus nombres) y se presentan cada noche en un bar de Lima, donde la gente celebraba y se quería.

En el transcurso de No me toquen ese valse ella olvida las frases de sus canciones, él no puede controlar los movimientos que realiza, ambos se interrumpen y sus actos son repetitivos. Es como si intentaran una y otra vez rehacer un espectáculo que conocen.

Su discurso es caótico: alternan frases bíblicas, canciones, noticias, poesías, fragmentos de fábulas, etc. Las frases reflejan temor (prohibido escaparse”), dolor (“la cicatriz real está en el alma”), miseria (“donde vive la pobreza”) y desamor (“no necesito amar, es una pena”). Incluso llegan a reflexionar qué pasó realmente con ellos cuando exclaman: “Algunos dicen que no están muertos”.

Hay un momento de emotividad cuando el actor trata de acoger a la actriz y luego intenta darle un beso, pero ella se resiste y se burla de él. Creo que esto refleja la complicidad que ambos tienen aunque queda en el terreno de la ambigüedad si son o no una pareja fuera del escenario. Él dice entonces una frase que me ha acompañado durante años (y que no recordaba de dónde venía): “Para qué construir un puente por donde nunca va a pasar el río”.

No todo es tristeza en esta obra dramática. Llegaría a afirmar que ven con optimismo el futuro cuando dicen: “Nos tomaremos unos rones por todas las escaseces, por tanta ausencia y todo lo vivido”.

Al final de la obra, se preparan para empezar su verdadero show (al parecer, lo anterior era un ensayo) y ella recurre a una hoja de papel que descansa sobre el cactus porque ahí están las indicaciones para la coreografía de la noche. Las notas terminan en cenizas y la actriz se rehúsa a terminar la obra de ese modo, motivo por el cual entona una canción hermosa y poderosa que empieza  así: “Una leona ha parido en medio de la calle…”. Este es el broche de oro. Luego él y ella se esfuman envueltos en la bruma  artificial y la misteriosa música que da inicio a la obra.

Detrás de la obra: canto, grito, silencio

Los personajes de No me toquen ese valse se llaman Abelardo (interpretado por Julián Vargas) y Amanda (interpretada por Rebeca Ralli). Son dos fantasmas que regresan todas las noches a un bar del centro de Lima a rehacer su presentación, porque fallecieron allí a causa de un atentado terrorista.

La obra fue estrenada en 1990 y como afirma su director Miguel Rubio Zapata, No me toquen ese valse representa los imposibles años de violencia política a través de la inmovilidad o movimientos retorcidos, así como con palabras y gestos sin estructura. Algunos periodistas han identificado a la silla de ruedas y a la batería como símbolos de la impotencia y la opresión que se vivía. Rubio afirma que lo más importante en la obra es “la atmósfera que se intenta recrear a través de situaciones que provocan sus presencias”. Por ello, puso énfasis en el ritmo, el silencio, la mirada, el movimiento y la quietud.

A través del desmontaje de la obra podemos reconocer tres momentos clave que articulan el discurso de No me toquen ese valse:

  • Lo que dice Amanda al inicio sobre las palabras es, según Rubio,“casi una declaración de principios, una  invitación a otro sentir y a otra escucha, (…) las claves hay que encontrarlas en todas partes porque las palabras están heridas de muerte”.  Aquí el texto: “Las palabras entonces no sirven, son palabras. Manifiestos escritos, comentarios, discursos. Humaredas perdidas, neblinas estampadas. Qué dolor de papeles que ha de barrer el viento, qué tristeza de tinta que ha de borrar el agua. Las palabras entonces no sirven, son palabras”.
  • Primero Abelardo y después Amanda dicen estas frases que orientan al espectador: “Hace tiempo que murieron, nadie sabe si fue por propia voluntad… Los amigos cercanos dudan que haya sido suicidio  porque siempre los contrataban para cantar en las fiestas y levantar los ánimos, tenían una carcajada desafiante y contagiosa, más se sabe de sus vidas que de sus muertes….”
  • Y casi al final de la obra, se vuelve explícita la situación en la que se encuentran los actores: un ensayo antes de su función. Su diálogo es como sigue:

–       Ya llegaron… El público espera.

–       Sí, son  ellos… ¿Qué hacemos ahora?

–       Lo de siempre.

–       No sé, estoy inhibido.

–       No importa, apóyate en la técnica.

–       …..

También, a través de las notas sobre la obra, se confirma que Abelardo y Amanda están tratando de recuperarse a sí mismos: su identidad, su acto artístico, su propia vida. No quieren renunciar todavía. Por eso luchan por recobrar el habla, la coordinación, la pasión, en medio de poesías, canciones de protesta y valses peruanos.

Por otro lado, hay un elemento en la obra que simboliza la esperanza: el cactus, capaz de almacenar agua (que es vida). Esta planta sirve para conectar a Abelardo y Amanda. De allí la importancia de su definición de diccionario: “Los cactus son plantas que viven en zonas áridas o secas. Pertenecen a la familia de las cactáceas. Sus tallos se engrosan y se deforman porque allí guardan el agua. Sus hojas se van convirtiendo en espinas y sus flores tienen pétalos carnosos y son de lindos colores. Son flores muy solitarias”.

Finalmente, sacié mi curiosidad por la pequeña imagen que estaba en el escenario. Se trataba de la Virgen de la Caridad del Cobre.

Rebeca Ralli “desmonta a la leona”: http://pfcomunicaciones.blogspot.com/2009/10/desmontando-la-leona.html