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Amor líquido (II)

Bauman también reflexiona en su obra sobre el “prójimo” y la vida en comunidad. Establece que aceptar “amar al prójimo” es el modo como nace la humanidad, y de donde se desprenden todas las normas de convivencia. Asimismo, dedica algunas reflexiones a la dignidad humana: el amor a uno mismo puede hacernos rechazar una vida indigna, la dignidad no se puede desligar de la humanidad (y está por encima de la supervivencia).
 
Pero esta persona contemporánea se enfrenta a un mundo que no favorece la confianza, densamente poblado (con guetos voluntarios e involuntarios), que tiene problemas globales (y algunas soluciones locales), y es ahí donde se evidencia lo que el autor llama la “unión desmantelada”: la desintegración de la vida comunitaria, que tiene su punto más alto en la mixofobia (la reacción negativa hacia la gran variedad de estilos de vida) que vuelve más aterradores a los extraños en la medida en que desaparece la interacción con ellos.  
 
Resulta muy difícil convivir pacíficamente si se toma en cuenta que “las personas tienden a tejer sus imágenes del mundo con el hilo de su experiencia” y las relaciones interpersonales son concebidas como convenientes o inconvenientes. Sin embargo, el autor asegura que tanto la mixofobia como la mixofilia coexisten en todas las ciudades, y apela a vivir feliz con la diferencia y a beneficiarse de toda la polifonía disponible.

Estos mapas ilustran cómo ven EE. UU., Francia y Bulgaria a Europa. Son parte del proyecto de estereotipos del diseñador gráfico Yanko Tsvetkov.

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Amor líquido (I)

Cuando en el siglo XVII el Virrey Marqués de Montesclaros encargó la construcción del Puente de Piedra se necesitaron casi un millón de claras de huevo de las islas guaneras, piedra de Chorrillos, ladrillo de El Agustino y cal. Una relación de pareja es como tender un puente, se necesita mucha voluntad para construirla. La interrogante posmoderna sería  ¿para qué construir un puente por donde nunca va a pasar el río?

Zygmunt Bauman habla del miedo a establecer relaciones duraderas, más allá de las conexiones fugaces en Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Primero describe ampliamente al amor (generador de miedos y gozos) que encuentra sentido en el impulso de su propia construcción. Luego hace la distinción entre deseo y amor. Mientras el deseo es anhelo de consumir, absorber, digerir y aniquilar, el amor quiere proteger, nutrir, dar refugio, encarcelar. Si bien el deseo parece conducir lentamente a las parejas hacia un compromiso afectivo, es inevitable considerar que la relación es una inversión (monetaria, de tiempo y esfuerzos que se podrían destinar a otros fines) y que nunca se está preparado para hacer público un vínculo de este tipo.

En este panorama, se evitan  los  compromisos a largo plazo, y se prefieren conexiones superficiales que no llegan a ser un vínculo, una relación. Pero como el autor señala: mientras más atención dedica a las relaciones virtuales menos tiempo se le brinda a las no virtuales. ¿Y el sexo que queda fuera de la virtualidad? En Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos se especifica que el sexo es cada vez más aceptado como un modo de buscar la felicidad individual, incluyéndose aquí al “sexo puro” (sin lazos ni ataduras).

Afirma Bauman que en nuestro moderno mundo líquido se requiere de humildad y coraje, después de todo “existe siempre la sospecha de que algo hemos dejado sin explorar o intentar, de que alguna posibilidad de felicidad desconocida y completamente diferente de la experimentada hasta el momento se nos ha ido entre las manos o está a punto de desaparecer para siempre si no hacemos algo al respecto”.

Nota: la ilustración corresponde al álbum El mundo invisible de Fito Espinoza (http://www.fitoespinosa.com/emi)